A través de esta nota agradecemos a los narradores que nos dejaron el corazón contento con sus historias, a todos los niños y adultos que se sumaron a escucharlos, a los medios de difusión y a las Instituciones que nos apoyaron para que este encuentro fuera posible.
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IMPRESIONES CON OJOS ESPECTANTES, OÍDOS AFILADOS Y CORAZÓN GENEROSO.
Por Maria del Cielo Tailmitte
El cuarto encuentro de narración oral fue un ejemplo, un ejercicio de generosidad, los cuenta cuentos “fueron al encuentro de la comunidad”, ellos se acercaron a las escuelas, a los barrios, a la gente de los distintos sectores de Viedma y Patagones sin guardarse nada, con la sencillez y humildad de quien tiene mucho para dar y la certeza de que uno no queda igual después de recibir semejante regalo.
Fueron ellos primero a nosotros, nosotros que quizás tenemos dormido en el recuerdo los cuentos de la abuela, algún texto que nos movió el corazón y quién sabe cuántas cosas más. Estábamos ahí: sorprendidos y maravillados por reencontrarnos a través de sus relatos con la palabra, ni mas ni menos; así durante jueves y viernes nos sentimos buscados convocados, invitados a compartir.
Y la invitación fue irresistible: el sábado a la mañana mas de 40 personas concurrimos al taller coordinado por Inés bombara y Martín Corona quienes nos instaron a no renunciar al deseo, a esforzarnos en la labor de desarrollar lo que se quiere con la responsabilidad que conlleva tomar la palabra y la certeza del disfrute que “contar y escuchar” tiene como saldo seguro. Por el cause de la narración oral navegamos por el caudal maravilloso de apostar a lo colectivo, al recupero de la diversidad cultural, al planteo de los pro y contras de la globalización, a pensar y pensarnos como protagonistas de la historia a partir de lo que transmitimos, qué, a quiénes y cómo lo hacemos.
Así de la mano de los narradores llegamos a la maratón para confirmar con la práctica que con autenticidad y valentía podemos asumir qué queremos contar… contar podemos todos… es cuestión de animarse y ponerse a trabajar!
Acompañado de la riqueza de otros lenguajes, telas, malabares, música, los cuentos fluyeron en boca de expertos y amateurs durante casi dos horas. Y sin querer llego la noche y con ella más cuentos y más maravilla, fue muy bello quedar atrapados por los relatos que cada uno de los narradores, cada cual a su modo, con su estilo, con lo atractivo e irresistible de lo genuino nos compartieron durante la función en “El Tubo”. Así jueves, viernes y sábado pasaron volando y nosotros aquí agradecidos por haber podido compartir tan conmovedor vuelo.
Solo puedo decir que nos quedamos con ganas de más, y en secreto les cuento que el lunes a primera hora estaba yo buscando sedienta ese cuento viejo que hace muchos años me hizo pensar de otra manera…
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LOS NARRADORES TAMBIÉN OPINAN
Por Ileana Panelo
Viedma es luz. Flores, verde, y agua abrazan todo instante. También su gente. Hay bulla de cuento, hay bullicio de encuentro. Un abrazo de bienvenida nos va reuniendo. Venimos de lugares dispares: Méjico, Colombia, Bahía Blanca, Neuquén, Buenos Aires, pero somos uno en las ganas de contar y de contagiar.
Tiene que haber sido muy cálido el abrazo de bienvenida para que nos sintamos muy cerca apenas nos damos el primer hola.
Y allí vamos, desparramados en grupos de a tres, de a cuatro, a llevar las palabras que abren la imaginación, la creación a mundos posibles.
Son muchas escuelas. Un trabajo de bichito de San Antonio que ha logrado abrir jardines de infantes, escuelas, muchas, para que nadie se quede afuera. Y como el bichito, llenar de color y calor aulas, galerías, rincones que se abren en un bosque de ojos silenciosos llenos de asombro, de maestros, maestras, directores y afines, que después de mimarnos doblan las rodillas y se agregan a la ronda de escucha y misterio.
En este nuevo encuentro, vamos despertando oídos, espectadores y sentidores de este viejo y nuevo oficio hijo del Arte. Y Viedma tendrá, tiene el honor de ser constante, perseverante para creer en ello y para despertar ánimos para realizarlo. Y para crecer, porque hace cuatro años fuimos cuatro, al otro seis para llegar hoy a diez los Cuentacuentos invitados.
No es tarea fácil, lo sabemos, por eso no puedo dejar de aplaudir y bendecir a Anyela Cuéllar gestora animadora y férrea hacedora de nacer estos encuentros. ¿Será que está hecha de sangre de bichito de San Antonio?
Ni a Daniel Etcheverry, que entre idas y venidas, no deja de poner el hombro donde apoyar las ganas.
A todísima la gente visible e invisible que nos llevó, atendió, dándonos cafecitos, tés, calor y amor. A todas las entidades, Cultura, Educación, Plan de Lectura, que puso ganas, plata, y fe.
Al teatro El Tubo, ese lugar tan cobijante como casa de abuela, que a la mañana recibió a los futuros Cuentacuentos en el taller y a la noche a los espectadores en su complicidad de silencio y asombro.
Esto que empezó hace cuatro años con un grupito de oyentes curiosos, hoy germina en participantes ávidos de abrazar la esperanza, la calidad, los posibles.
Nosotros nos marchamos felices, nostálgicos, llevando las palabras, las de los cuentos y las muchas que contaran de este encuentro.
¿Quien les dice? quizá el próximo, yo me siente y oiga a muchos de ustedes contando.
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LA GRAN INVITADA DE HONOR FUE LA PALABRA
Por Teresa Prost
Cuando me despedí de Anye, organizadora (aunque no me gusta la palabra organizadora, preferiría "cascabel") del evento, le dije: "me voy con el alma a la intemperie".
Fueron tres días donde la indiscutible protagonista, la gran invitada de honor, fue la palabra.
Palabras que trajeron historias de acá y de allá y de más allá. Palabras que, al igual que el garbanzo peligroso, (uno de los tantísimos cuentos que escuché en esos días) se pusieron a cantar y brotaron y llenaron el aire de ramas como serpentinas, hojas y flores y vainas llenas de nuevos garbanzos.
En estos tiempos donde la vorágine es cotidiana, donde la imagen invade los sentidos, la violencia y el ruido y el chiste grosero son casi costumbre; donde las agujas del reloj no dan tregua, y el silencio se hace raro, este festival del cuento es casi un milagro.
Y digo "casi" porque sé que no nació de un "abracadabra", sino porque hubo gente que trabajó, ¡y cuánto y cómo! para lograrlo.
Fueron tres días donde los narradores llevamos la palabra a jardines, escuelas primarias, secundarias, especiales. En cada uno de estos lugares nos esperaron con el abrazo dispuesto, las manos abiertas, el oído atento, el corazón en la mirada.
"¡¿Hacen un festival internacional de narración oral en Viedma?!", había dicho yo, sorprendida, cuando a principios de año me llegó algo de información al respecto.
Y hoy lo proclamo a los cuatro vientos: en Viedma le hicieron un lugar a la palabra, a la emoción, a esos sentires tan hondos, casi siempre camuflados entre capas de maquillaje, obligaciones cotidianas, fechas de vencimiento.
Cómo no quedarse con el alma a la intemperie.
Como no sentirse vaina de garbanzos, bolitas que empezarán a rodar, a llegar a otros lugares, quién sabe hasta dónde, ¿no?
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